Eran las once y media de la noche y el móvil me enseñaba, por tercera vez esa semana, a un señor con auriculares de gaming anunciando «la skill que me ha cambiado la forma de trabajar». Catorce segundos: captura de pantalla desenfocada, un contador bajando, música de sintetizador barato. Ni el nombre de la skill, ni el repositorio, ni una mísera captura del fichero. En los comentarios, seiscientas personas escribiendo «link?» y él contestando con un emoji de fuego.
Me quedé con la curiosidad, cerré el móvil y me fui a abrir una de las mías con el editor. Porque hay una cosa que esos vídeos no cuentan nunca, y no es por maldad: es que contarla les estropea el número.
No es un programa. No es un modelo entrenado. No es un plugin compilado que se conecta a ningún sitio. Una skill de agente es un fichero markdown llamado SKILL.md, dentro de una carpeta, con una cabecera y unas cuantas instrucciones escritas en español o en inglés. Cuando el agente arranca, lee la cabecera. Cuando la tarea encaja, se traga el resto y trabaja según lo que ahí ponga.
Así es una de verdad, una que uso para revisar los precios de una tienda antes de tocar nada:
—
name: revisar-precios description: Comprueba precios, comparados y márgenes antes de cualquier cambio masivo en el catálogo. Úsala cuando se vayan a modificar más de diez productos a la vez.
allowed-tools: Read, Bash
—Antes de escribir nada, exporta el catálogo actual a un CSV con fecha en el nombre.
Si un producto tiene precio comparado menor que el precio de venta, para y avisa.
No modifiques nunca más de 50 productos en una sola pasada.
Al terminar, escribe un resumen con los SKU tocados y el diff de cada uno.
Eso es todo el invento. Y funciona por una razón muy tonta: el modelo ya sabe hacer esas cosas, lo que no sabe es que en tu casa se hacen así. La skill no le añade capacidades, le añade procedimiento. Es la diferencia entre contratar a alguien bueno y contratar a alguien bueno que además ha leído el manual de la empresa.
El detalle elegante está en la description. Eso es lo único que ocupa sitio en la memoria del agente de forma permanente; el cuerpo del fichero solo se carga cuando hace falta. Por eso puedes tener treinta skills instaladas sin que se le vaya la cabeza. Y por eso una description mal escrita convierte la mejor skill del mundo en un fichero que no se abre jamás.
Con esto en la mano, juzgar una es cuestión de dos minutos y de abrir el repositorio. Yo miro cinco cosas, más o menos en este orden.
Abre el SKILL.md y léelo entero. Si son cuarenta líneas de reglas concretas —haz esto, no hagas aquello, para si pasa lo otro— tienes algo. Si son cuatrocientas líneas de «eres un ingeniero senior de clase mundial que valora la excelencia y la atención al detalle», tienes un poema. Los adjetivos no cambian el comportamiento de un modelo; los umbrales, los formatos de salida y las condiciones de parada sí.
Una prueba rápida: cuenta cuántas frases del fichero podrías comprobar objetivamente si se han cumplido. Si la respuesta es «casi ninguna», te están vendiendo ambiente.
Las buenas suelen llevar cosas al lado: un script de Python, una plantilla, un CSV de referencia, un ejemplo de salida bien hecha. Eso es trabajo real y además es determinista —un script hace siempre lo mismo, una instrucción en prosa no—. Una carpeta con un único SKILL.md de tres párrafos puede estar bien, pero rara vez justifica el vídeo.
Aquí está lo importante, y es lo que no se dice nunca. Una skill se ejecuta con exactamente los mismos permisos que tu agente. No hay caja de arena, no hay separación, no hay un modelo de permisos propio. Si tu agente puede borrar ficheros, hacer push o llamar a una API con tu clave, la skill que acabas de instalar también puede.
Mira el campo allowed-tools de la cabecera: eso acota qué herramientas se le permiten mientras está activa, y una skill seria lo pone. Y mira si hay scripts dentro, porque un script que el agente ejecute es código tuyo corriendo en tu máquina. La documentación de Anthropic lo dice con todas las letras: instala solo skills de fuentes en las que confíes. No es un aviso legal de relleno, es la única barrera que hay.
Muchas de las que circulan por ahí no tienen ninguna, lo cual significa que técnicamente no tienes permiso para usarlas en el trabajo de un cliente. Si el repositorio no tiene fichero de licencia, no está «libre por defecto»: está sin licencia. Para jugar da igual; para meterlo en el flujo de una agencia, no.
Si viene de un repositorio público, ahí está todo: cuándo fue el último commit, cuántas issues abiertas hay y de qué van, si alguien ha reportado que el script hace algo raro. El catálogo oficial vive en github.com/anthropics/skills y merece la pena leerse un par de las de ahí antes de instalar ninguna de fuera, aunque solo sea para calibrar el listón. Las de tratamiento de documentos y la que sirve para escribir otras skills están bastante bien hechas y se leen en diez minutos.
Y volvemos al señor de los auriculares. Fíjate en un patrón: los vídeos que anuncian la skill definitiva casi nunca dicen su nombre. Ni en el título, ni en el audio, ni en la descripción. Te piden que comentes «SKILL» y prometen mandarlo por privado.
No es celo profesional, es el modelo de negocio. El producto de ese vídeo no es la herramienta, es el comentario. Cada uno de esos seiscientos «link?» es señal para el algoritmo, y el vídeo se paga con eso, no con que a ti te funcione nada. Cuando alguien tiene una skill buena de verdad, la enseña, porque enseñarla es la prueba de que existe: se lee en dos minutos y se copia en cinco.
Otro detalle: las cifras de instalaciones que salen en pantalla no las puede comprobar nadie. No hay una tienda central con contadores públicos. Lo más parecido a una métrica honesta que tienes es mirar las estrellas y los commits del repositorio, y eso ya lo tienes que hacer tú.
La ventaja de que todo esto sea un fichero de texto es precisamente esa: no hay caja negra. Cualquiera puede abrirlo, leerlo entero en el tiempo que dura el vídeo, y decidir. Yo he tirado a la basura más de las que he instalado, y las que se han quedado no las conocí por ningún reel: las encontré leyendo el repositorio de alguien que trabajaba en algo parecido a lo mío.
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